El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, marcó una clara distancia diplomática con Caracas durante una reciente entrevista concedida a Bloomberg This Weekend. Al ser consultado sobre el estatus de la relación entre ambos gobiernos, el funcionario cubano definió a Venezuela como un «país amigo», pero rechazó enfáticamente la etiqueta de «aliado», argumentando que es «una palabra demasiado fuerte» para describir el vínculo actual.
Esta redefinición diplomática ocurre en un momento crítico para La Habana. Desde el pasado 3 de enero, la relación con Caracas ha sufrido un notable debilitamiento, lo que ha resultado en la pérdida de su principal proveedor de combustible. Esta situación, sumada al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos que ha bloqueado la importación de crudo hacia la isla, ha intensificado la crisis energética que atraviesa el país.
El posicionamiento de Cossío coincide con un cambio de tono en la política exterior venezolana. Hace apenas unos días, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, intervino ante la Asamblea General de la ONU, donde manifestó la aspiración de su gobierno de «reconstruir y sostener relaciones de cooperación, respeto e igualdad» con Estados Unidos. Durante su discurso, Rodríguez agradeció la «disposición» al diálogo mostrada por el presidente Donald Trump y anunció que el país se encamina hacia una «transformación democrática profunda».
Las declaraciones del vicecanciller cubano sugieren una reconfiguración de las prioridades de La Habana ante la aparente búsqueda de acercamiento entre Caracas y Washington, en un contexto donde Cuba enfrenta una de sus situaciones energéticas más complejas de los últimos años.







