Durante su intervención en la 81.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, realizó un llamado a la comunidad internacional para abordar diversas crisis geopolíticas, centrando su discurso en la situación de Venezuela, Cuba y el conflicto en Oriente Medio.
Respecto a Venezuela, el jefe de la diplomacia rusa calificó el encarcelamiento del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, ocurrido a principios de año, como una «violación de cualquier norma, incluidas las normas de la moral». Lavrov subrayó que el derecho internacional garantiza la «inmunidad e inviolabilidad de los altos cargos del Estado» y demandó la «pronta liberación» del mandatario, instando a evitar que este tipo de acciones se repitan en el futuro.
En relación con Cuba, el canciller ruso denunció la «desesperada situación humanitaria» que atraviesa la isla debido a la presión ejercida por Estados Unidos. Desde la tribuna de la ONU, Lavrov solicitó formalmente el levantamiento del «bloqueo marítimo» y de todas las restricciones comerciales impuestas a La Habana. Asimismo, exigió que el país sea excluido de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, argumentando que las medidas actuales son injustificadas.
En el marco de su discurso, Lavrov también abordó el conflicto en Palestina, proclamando que ha llegado el momento de garantizar la creación de un Estado propio para su pueblo. Por otro lado, reafirmó la postura de Rusia sobre el conflicto en Ucrania, asegurando que Moscú logrará sus objetivos en la región.
Finalmente, el diplomático se refirió a la estabilidad en el estrecho de Ormuz, expresando la disposición de su país para colaborar en la estabilización de la zona. En este sentido, enfatizó que es necesaria la «confianza en las relaciones entre los Estados del Golfo, los Estados árabes e Irán» para asegurar la paz en una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo.







