El descontento social ha tomado las principales arterias de Grecia este miércoles. En una jornada marcada por la indignación, miles de estudiantes, profesores y funcionarios públicos se movilizaron en Atenas, Tesalónica y Patras, exigiendo una transformación profunda en el sistema educativo y denunciando la insostenible crisis del costo de la vida.
Las cifras son contundentes: cerca de 5.000 personas se congregaron en Atenas, mientras que en Tesalónica y Patras la participación alcanzó los 3.000 manifestantes en cada ciudad. El movimiento, que ha comenzado a trazar paralelismos con las recientes olas de protestas en Francia, promete no ser un hecho aislado. «Tenemos un plan para proseguir con nuestras protestas», advirtió Katia Koubousidou, representante estudiantil de la Universidad Aristóteles de Tesalónica.
El núcleo del reclamo no es solo económico, sino estructural. Los estudiantes denuncian un abandono sistemático de las instalaciones escolares. Yiannis Papanikolaou, un joven de 17 años, describió una realidad preocupante: edificios con yeso desprendiéndose, ventanas rotas y sistemas de calefacción inoperativos. Estos relatos no son anécdotas, sino el reflejo de una crisis de mantenimiento que ya ha dejado heridos en recientes incidentes en aulas de Thermi y Atenas.
A la precariedad edilicia se suma la crisis de personal. El sindicato de docentes de secundaria, OLME, estima que el sistema educativo griego opera con un déficit de 15.000 profesores, una cifra que agrava la calidad de la enseñanza pública.
Los datos de Eurostat respaldan el malestar en las calles: Grecia destinó apenas un 3,3% de su PIB a la educación en 2023, una cifra significativamente inferior al promedio de la Unión Europea, que se sitúa en el 4,7%. Este escenario se ve agravado por una inflación del 5,1% en septiembre, una de las más elevadas de la zona euro, que erosiona el poder adquisitivo de los funcionarios y las familias.
Mientras el sindicato Adedy exige mejoras salariales y un apoyo sustancial para los docentes, el gobierno conservador de Kyriakos Mitsotakis intenta desvincular estas protestas de la inestabilidad social vivida durante los años de la crisis financiera. Sin embargo, la consigna que se lee en las pancartas —»Grecia y Francia, rebelión en todos lados. Mismos problemas, mismo enemigo»— parece indicar que la ciudadanía griega tiene los ojos puestos en Europa, buscando en la movilización colectiva la llave para un cambio que consideran urgente.







