El Estadio Universitario de Universidad Central de Venezuela, fue testigo este miércoles de un enfrentamiento que difícilmente olvidarán los seguidores de la pelota invernal. En el primer choque de la temporada 2026-2027 de la LVBP, Tiburones de La Guaira y Leones del Caracas protagonizaron un auténtico toma y dame ofensivo, donde el pitcheo fue un espectador más ante el despliegue de poder que culminó con un electrizante 16-13 a favor de los escualos.
Desde el primer episodio, el tono del encuentro quedó claro. Los melenudos golpearon primero con autoridad gracias a los cuadrangulares de dos carreras de Aldrem Corredor y Lenyn Sosa. Aunque Jorge Barrosa respondió de inmediato con un vuelacercas solitario, la ventaja inicial parecía marcar el camino para unos Leones que buscaban enderezar su registro de 2-5.
El juego se convirtió en un ajedrez de batazos. Mientras Caracas construía rallys —como el de cuatro carreras en el cuarto inning liderado por Víctor Bericoto y Yonathan Daza—, La Guaira demostraba una resiliencia inquebrantable. El momento cumbre ocurrió en la quinta entrada, cuando los del litoral fabricaron un rally de ocho anotaciones. Sebastián Rivero, con un jonrón de tres carreras, junto a los batazos oportunos de Juniel Querecuto y Simón Muzziotti, le dieron la vuelta a la pizarra en una remontada que hizo vibrar a la grada.
El desenlace tuvo tintes dramáticos. En el séptimo, un triple con bases llenas de Bericoto volvió a poner a los capitalinos al frente, pero el empate llegó nuevamente en los pies de Barrosa tras un sencillo de Muzziotti. Finalmente, en el octavo capítulo, Yangervis Solarte se vistió de héroe con un descomunal cuadrangular que desató la locura, sellado poco después por el empuje de Javier Rivas para cerrar las cifras definitivas.
En el apartado estadístico, Jorge Barrosa brilló con una actuación perfecta de 4-4, mientras que Simón Muzziotti y Víctor Bericoto fueron los motores ofensivos de sus respectivas novenas. La victoria se la adjudicó Alex Carrillo, mientras que el salvamento quedó en manos de Eduardo Paredes, cerrando una noche donde el béisbol, una vez más, demostró por qué es el deporte rey en nuestro país.







