En el marco de los debates sobre el panorama estratégico internacional, Josep Borrell alertó sobre el estancamiento y la fragmentación que enfrenta América Latina.
Según advirtió el diplomático, América Latina es una región que no existe geopolíticamente como tal, y el hecho de no contar con una estrategia de integración política y económica provoca que deba alinearse y jugar bajo las reglas impuestas por los demás actores globales.
«América Latina es una región que no existe geopolíticamente como región, y el hecho de que no tenga una estrategia de integración política y económica hace que tenga que jugar con las reglas de los demás».
Esta premisa pone el foco en uno de los desafíos más complejos del regionalismo latinoamericano. A pesar de compartir lazos históricos, culturales e idiomas comunes, la falta de estructuras de integración sólidas e independientes impide que la región articule un bloque unificado de negociación soberana. Sin un frente común, los esfuerzos de los países terminan dispersos y pierden capacidad de incidencia ante los grandes centros de decisión internacional.
La desconexión interna expone a los países de la zona a dinámicas de fuerte subordinación exterior. Por un lado, una parte sustancial de la riqueza estratégica —como la exportación de recursos naturales y la agregación de valor sobre minerales críticos— se gestiona fuera del territorio debido a la escasa infraestructura de procesamiento interconectada. Por otro lado, en medio de la creciente rivalidad global entre potencias como Estados Unidos y China, la falta de unidad reduce a la región a un espacio de disputa comercial o a una receptora pasiva de decisiones ajenas, en lugar de consolidarse como un interlocutor autónomo de peso.
Frente a este escenario, la necesidad de estructurar una agenda propia se vuelve imprescindible. El fortalecimiento del comercio intrarregional, la inversión en proyectos de infraestructura compartida y la coordinación de políticas comunes son pasos urgentes para superar la atomización actual y transformarse en un actor geopolítico decisivo, capaz de defender sus intereses con voz propia.







