A pocas horas de que los centros de votación abran sus puertas este martes 3 de noviembre, Estados Unidos se encuentra en vilo. Las elecciones de medio mandato no solo prometen ser un referéndum sobre la gestión de Donald Trump, sino que podrían alterar drásticamente el equilibrio de poder en Washington y, en consecuencia, la política exterior del país hacia América Latina.
La campaña ha estado marcada por sorpresas inesperadas. La representante demócrata Haley Stevens provocó un auténtico seísmo político al romper filas con su partido para respaldar al candidato republicano Mike Rogers. En una entrevista con Anderson Cooper, de CNN, Stevens se mantuvo firme: “Nada cambió en mí”, declaró, justificando su postura en medio de una agria disputa con su antiguo rival en las primarias, Abdul El-Sayed.

La reacción no se hizo esperar. Mientras los demócratas, tanto a nivel estatal como nacional, han condenado enérgicamente la decisión con figuras clave del Congreso reafirmando su apoyo a El-Sayed, el bando republicano ha celebrado el movimiento. Tanto el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, como el propio Donald Trump, han elogiado públicamente a Stevens, evidenciando la profundidad de la división interna que atraviesa el Partido Demócrata.
La incertidumbre no se limita a las urnas. Un juez federal desestimó recientemente una demanda del Departamento de Justicia que buscaba, potencialmente, retrasar la certificación de los resultados en Alaska. Este fallo asegura que el conteo en ese estado siga su curso legal, evitando un foco adicional de tensión en una noche que se perfila como maratónica.
Mientras tanto, los datos del sondeo de The New York Times y el instituto Siena dibujan un panorama sombrío para los republicanos. Se estima que el partido del presidente podría perder escaños clave en Michigan, Texas, Maine, Ohio, Kansas y Alaska. Especialmente notable sería una victoria demócrata en Texas o Kansas, estados donde el partido no ha logrado un triunfo al Senado en décadas.
Si los demócratas logran hacerse con el control del Congreso un escenario que el modelo de Decision Desk HQ sitúa con un 84 % de probabilidades, la capacidad de maniobra de Donald Trump se verá severamente reducida.
Gabriel Clavijo, politólogo e internacionalista, advierte que “el margen de maniobra institucional para sacar adelante sus reformas va a ser mucho más reducido” si el Legislativo cae en manos opositoras. Esto podría frenar la agenda de presión sobre Cuba y Venezuela, así como influir en las disputas comerciales con México y Brasil.
El Partido Republicano llega a esta cita electoral lastrado por una combinación tóxica: la inflación, el alto costo de vida, la guerra en Irán y una tasa de aprobación de Trump que, en los siete estados clave analizados, apenas alcanza el 38 %. Con más de 54,8 millones de votos ya emitidos de manera anticipada, el país se prepara para una jornada que podría marcar el inicio de un cambio de rumbo histórico.






