La capital industrial de Venezuela amaneció este jueves bajo una tensa calma que rápidamente se transformó en un foco de conflicto social. Trabajadores de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) tomaron las calles y cerraron el paso en el emblemático puente Caroní, en lo que han denominado como un nuevo «Guayanazo», en señal de rechazo a la falta de acuerdos sobre sus reivindicaciones salariales.
La protesta, que se desarrolla en ambos sentidos de la vía que conecta a San Félix con Puerto Ordaz, también ha bloqueado la transitada avenida de Los Trabajadores, dejando prácticamente incomunicada a la ciudad. El descontento de la masa laboral se centra en una exigencia puntual: el pago del bono de utilidades equivalente a 1.200 dólares, una promesa que, según los manifestantes, no ha recibido respuesta efectiva por parte de las autoridades.
El punto de quiebre ocurrió durante las últimas horas de negociación. Los representantes sindicales decidieron levantarse de la mesa tras considerar una falta de respeto que el encuentro con la directiva de la CVG y la Gobernación se limitara a una presentación de informe de gestión por parte del ministro Héctor Silva, dejando de lado la discusión central sobre el beneficio económico.
«No estamos aquí para escuchar balances, estamos aquí por nuestros derechos», expresaron voceros del grupo, quienes han radicalizado la medida de presión con el cierre total de los accesos y la autopista que conduce hacia Ciudad Bolívar.
Hasta el momento, el flujo vehicular se mantiene paralizado, afectando a miles de ciudadanos que intentan transitar por la zona. La incertidumbre crece mientras los trabajadores aseguran que no despejarán las vías hasta obtener una respuesta clara y satisfactoria sobre el pago del bono prometido. La seguridad en la zona ha sido reforzada ante la magnitud de la movilización, mientras que la ciudad se mantiene a la espera de un pronunciamiento oficial que pueda destrabar el conflicto.







