En un giro drástico a su política energética y macroeconómica, el gobierno de Bolivia anunció la eliminación total de la subvención al diésel, liberando el precio del combustible para alinearlo con las cotizaciones del mercado internacional.
Con este ajuste, el litro de diésel pasa de cotizarse de 9,80 bolivianos a 17,95 bolivianos (~1,83 USD), un incremento sustancial con el que el Ejecutivo del presidente Rodrigo Paz busca poner fin a las largas filas en las estaciones de servicio y garantizar el suministro continuo para el sector comercial y agropecuario.
“Nadie puede comprar algo caro para venderlo barato”, afirmó Paz
La decisión se concreta inmediatamente después de que el Parlamento boliviano aprobara un programa de financiamiento por 1.900 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI), orientado a estabilizar las reservas internacionales y reducir el déficit fiscal generado durante años por el subsidio a los hidrocarburos.
Para los analistas de la región, la situación de Bolivia evoca los desafíos que han enfrentado países como Venezuela con los esquemas de subsidios masivos a los combustibles. La imposibilidad de mantener precios artificialmente bajos ante la falta de divisas y la caída de la producción nacional terminó forzando un esquema de precios internacionales y dolarizados.
El impacto del ajuste en Bolivia afectará de manera directa los costos del transporte de carga y la cadena de suministros de alimentos. Como medida de mitigación, el Ejecutivo boliviano anunció el incremento de bonos sociales y la activación de líneas de crédito preferenciales para transportistas y pequeños productores, mientras que la subvención a la gasolina se mantendrá de forma temporal.







